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Despachos de Prensa

Declaraciones del Presidente al Nominar a la Jueza Sonia Sotomayor como candidata a la Corte Suprema de los EE.UU.

26 de mayo de 2009

EL PRESIDENTE: Gracias. Bueno, yo también estoy entusiasmado. (Risas.) 
 
De las muchas responsabilidades que le concede la Constitución al Presidente, hay pocas más serias o de mayor importancia que la elección de un juez para la Corte Suprema. Los miembros de nuestro tribunal más alto son elegidos de manera vitalicia, y a menudo siguen prestando servicios muchos años después de terminar el mandato del Presidente que los nombró. Y tienen a su cargo la crucial tarea de aplicar principios que fueron plasmados en el papel hace más de 20 [sic] siglos para responder a los más complejos asuntos de nuestros tiempos.
 
Así que no me tomo esta decisión a la ligera. La tomé sólo después de profunda reflexión y meticulosa deliberación. Si bien hay muchas cualidades que admiro en jueces de todo el espectro de la filosofía judicial y que busco en mi candidato, hay algunas que sobresalen en importancia, y quisiera mencionarlas.
 
Ante todo, se requiere un intelecto riguroso, un dominio absoluto de la ley y la capacidad de concentrarse en temas clave y proporcionar respuestas claras a complejos  asuntos legales. En segundo lugar, se requiere reconocer los límites de la función judicial, entender que la función del juez es interpretar, no crear leyes; dictar sentencia sin influencia ideológica o política, sólo con el compromiso de impartir justicia de manera imparcial, respetar los precedentes jurídicos y tener la determinación de aplicar fielmente la ley a los hechos en cuestión.

Estas dos cualidades son esenciales, en mi opinión, para todo el que sea miembro del tribunal más importante de nuestra nación. Sin embargo, estas cualidades no son suficientes. Necesitamos algo más. Como dijera alguna vez el juez supremo Oliver Wendell Holmes: “La ley cobra vida no por lógica, sino por experiencia”. Experiencia con obstáculos y barreras, dificultades e infortunio; la experiencia de insistir, persistir y finalmente superar esas barreras. Es la experiencia lo que le puede dar a la persona el don de saber tratar a todo tipo de gente y un sentido de compasión, la comprensión de cómo funciona el mundo y cómo vive la gente promedio. Y por eso, es un ingrediente necesario para el tipo de justicia que necesitamos en la Corte Suprema.
 
El proceso de analizar y seleccionar al sucesor del juez Souter ha sido riguroso y cabal, y definitivamente, una de las razones es que el propio juez Souter ha establecido un alto estándar con su formidable intelecto, sentido de equidad y decencia. He solicitado los consejos de miembros del Congreso de ambos partidos, entre ellos todos los miembros del Comité Judicial del Senado. Mi equipo se ha puesto en contacto con expertos en derecho constitucional, organizaciones de defensoría y colegios de abogados que representan una variedad de intereses y opiniones. Y quiero darles las gracias a los miembros de mi equipo y gobierno que han trabajado tan arduamente y han dedicado tanto de su tiempo a este esfuerzo.

Tras concluir este exhaustivo proceso, he decidido nombrar a una mujer impresionante que considero será una gran jueza [de la Corte Suprema]: la jueza Sonia Sotomayor del gran estado de Nueva York. (Aplausos.)

Durante una distinguida carrera de tres décadas, la jueza Sotomayor ha trabajado en prácticamente todos los niveles de nuestro sistema judicial, lo que le ha dado enorme experiencia y una amplitud de perspectiva que será invaluable como jueza de la Corte Suprema.

Es un reflejo de sus cualidades y sus calificaciones el hecho de que la jueza Sotomayor haya sido nombrada a la Corte Federal de Distrito por un Presidente republicano, George H.W. Bush, y ascendida a la Corte Federal de Apelaciones por un demócrata, Bill Clinton. Apenas cruce el umbral, aportará más experiencia judicial y una experiencia más variada como litigante que cualquier otro de los actuales jueces supremos al momento de su nombramiento a la Corte Suprema de Estados Unidos.

La jueza Sotomayor es una distinguida egresada de dos de las mejores universidades de Estados Unidos. Ha sido fiscal en una ciudad importante y abogada litigante de empresas. Pasó seis años como juez de primera instancia en la Corte Federal de Distrito, y reemplazaría al juez Souter como el único juez supremo con experiencia como juez de primera instancia, una perspectiva que enriquecería los fallos del tribunal.

Durante los últimos 11 años, ha sido juez en la Corte de Apelaciones del Segundo Distrito de Nueva York, uno de los distritos más exigentes del país. Como tal, emitió fallos sobre una variedad de asuntos constitucionales y jurídicos que se caracterizan por su meticuloso razonamiento, lo que la ha hecho merecedora del respeto de sus colegas en el tribunal, la admiración de muchos abogados que presentan casos en su corte y la adoración de sus secretarios, quienes la consideran su mentora.

Durante el tiempo que pasó en la Corte de Distrito, tuvo a su cargo aproximadamente 450 casos. Un caso en particular fue de enorme interés para muchos estadounidenses, entre los que me incluyo: la huelga del béisbol de 1994-1995. (Risas.) En una decisión cuyo anuncio se dice que le tomó apenas 15 minutos, una rapidez muy apreciada por aficionados al béisbol en todas partes… (risas)… emitió un fallo que ayudó a poner fin a la huelga. Hay quienes dicen que la jueza Sotomayor salvó al béisbol. (Aplausos.)

La jueza Sotomayor llegó a la Corte de Distrito de una firma de abogados donde era socia dedicada a compleja litigación comercial, y fue allí que aprendió cómo funciona la economía mundial. Previamente fue fiscal en la oficina del fiscal del distrito de Manhattan, donde trabajó bajo las órdenes del legendario Robert Morgenthau, uno de los primeros mentores de Sonia, que aún dice maravillas de ella. Allí, Sonia comprendió cómo afecta el crimen a la familia y la comunidad, y lo que es necesario para combatirlo. Es una carrera que le ha dado no sólo una perspectiva amplísima del sistema judicial de Estados Unidos, sino también un entendimiento práctico de la aplicación de la ley en la vida cotidiana de los estadounidenses.

Igualmente impresionante y significativa que las inmejorables credenciales legales de la jueza Sotomayor es su extraordinaria trayectoria. Nació en el South Bronx y creció en un complejo de viviendas subsidiadas cerca del estadio de los Yankee, y por eso es aficionada a los Yankees de toda la vida. Espero que esto no la descalifique… (risas)… ante los ojos de los senadores de Nueva Inglaterra. (Risas.)

Los padres de Sonia llegaron a Nueva York de Puerto Rico durante la Segunda Guerra Mundial. Su madre fue parte del Cuerpo Femenino del Ejército. Y de hecho, su madre está aquí hoy y me gustaría que todos ustedes saluden a la mamá de Sonia. (Aplausos.) La mamá de Sonia está un poquito emocionada. (Risas.) Pero ella, la madre de Sonia, comenzó una tradición familiar de servicio a este país. El padre de Sonia era obrero de fábrica con una educación de tercer grado y no hablaba inglés. Pero al igual que la madre de Sonia, estaba dispuesto a trabajar arduamente, tenía un firme sentido de familia y creía en el Sueño Americano.

Cuando Sonia tenía nueve años, su padre falleció. Y su madre trabajaba seis días a la semana como enfermera para mantener a Sonia y a su hermano, quien también está presente hoy, y es médico de gran éxito por mérito propio. Pero la mamá de Sonia compró la única enciclopedia en el vecindario, envió a sus hijos a una escuela católica llamada Cardinal Spellman porque creía que con una buena educación aquí, en Estados Unidos, todo es posible.

Con el apoyo de familiares, amigos y maestros, Sonia ganó una beca a Princeton, de donde se graduó entre los primeros de su clase, y una beca a la Facultad de Derecho de Yale, donde fue uno de los editores del Yale Law Journal, lo cual la llevó por el camino que la trae hoy aquí.

A lo largo del camino, venció obstáculos, superó probabilidades en su contra y vivió el Sueño Americano que trajo a sus padres aquí hace mucho tiempo. Y a pesar de que ha logrado tanto en la vida, nunca se olvida de su origen, nunca pierde el contacto con la comunidad que la apoyó.
 
Lo que Sonia aportará a la Corte, entonces, no son sólo sus conocimientos y la experiencia adquirida durante una brillante carrera jurídica, sino la sabiduría acumulada durante su inspiradora vida.

Tengo entendido que leer la serie Nancy Drew cuando era niña despertó el interés de la jueza Sotomayor en las leyes… (risas)… y que a los ocho años, cuando le diagnosticaron diabetes, le informaron que los diabéticos no podían llegar a ser policías ni investigadores privados como Nancy Drew. Y fue entonces que le dijeron que debía aspirar a menos.

Bueno, Sonia, lo que has demostrado en tu vida es que no importa de dónde vengas, ni cómo te veas, ni los desafíos que se te presenten; ningún sueño es imposible en Estados Unidos de Norteamérica.

Y cuando Sonia Sotomayor suba esos escalones de mármol para tomar su escaño en el más alto tribunal del país, Estados Unidos habrá dado otro paso importante para hacer realidad el ideal que está grabado en la entrada: Justicia para todos por igual conforme a las leyes.
  
Espero que el Senado actúe de forma bipartidista, como lo ha hecho dos veces antes para confirmar a la jueza Sotomayor, y que actúe con la mayor rapidez posible para que pueda tomar su escaño en el tribunal en septiembre y participar en las deliberaciones cuando la corte escoja los casos que irán a audiencia el próximo año.

Y con esto, me gustaría que todos ustedes le den una cálida bienvenida a la jueza Sotomayor a quien invitaré a decir unas palabras. (Aplausos.)

JUEZA SOTOMAYOR: Me acaban de aconsejar que no me ponga nerviosa. (Risas.) Eso es casi imposible. (Risas.)

Gracias, señor Presidente, por el mayor honor de mi vida. Me ha nombrado para el más alto tribunal del país, lo cual me conmueve profundamente.

No es posible, en los pocos minutos con los que cuento hoy, mencionar los nombres de los muchos amigos y familiares que me han guiado y apoyado durante toda la vida y cuya ayuda ha sido imprescindible para hacer realidad mis sueños. Veo muchos de esos rostros en este salón. Cada uno de ustedes, a quienes amo profundamente, debe saber que mi corazón está rebosante de gratitud por todo lo que han hecho por mí.

El Presidente les ha dicho que traje a mi familia. Entre los espectadores está mi hermano, Juan Sotomayor, médico en Syracuse, Nueva York; mi cuñada, Tracey; mi sobrina, Kylie –se parece a mí… (risas)… mis sobrinos, mellizos, Conner y Corey. Les debo muchísimo a innumerables personas… Sin embargo, hay una persona extraordinaria que me ha inspirado toda la vida… esa persona es mi madre, Celina Sotomayor. (Aplausos.)

Mi madre dedicó su vida a mi hermano y a mí, y como mencionó el Presidente, trabajó, a menudo dos empleos para ayudar a mantenernos cuando papá murió. He dicho a menudo que soy todo lo que soy debido a ella, y como mujer, soy la mitad que ella.

Sentado a su lado está Omar López, el esposo de mi mamá y un hombre al que he llegado a adorar. Te agradezco por todo lo que me has dado y continúas dándome. Te amo. (Aplausos.)

Decidí ser abogada y, finalmente, jueza, porque encuentro innumerables desafíos en la complejidad de las leyes. Creo firmemente en el imperio de la ley como base de todos nuestros derechos básicos. Desde que tengo uso de razón, me han inspirado los logros de los fundadores de nuestro país. Establecieron principios que han perdurado durante más de dos siglos. Estos principios son tan significativos y pertinentes para cada generación como lo fueron para la generación anterior. Sería un gran privilegio para mí desempeñar un papel en la aplicación de dichos principios a los asuntos y las controversias que enfrentamos hoy en día.

Aunque crecí bajo circunstancias muy modestas y difíciles, considero que mi vida ha sido inmensurablemente rica. Crecí en un complejo de viviendas subsidiadas en el Bronx, pero estudié en dos de las mejores universidades del país. Trabajé como fiscal adjunta, procesando los crímenes violentos que asolan a nuestras comunidades. Pero luego me incorporé a una firma privada de abogados y trabajé con corporaciones internacionales que hacían negocios en Estados Unidos. He tenido el privilegio de ser jueza de primera instancia de la Corte Federal de Distrito y ahora soy jueza de Distrito de la Corte Federal de Apelaciones. 

Este caudal de experiencias, personales y profesionales, me ha ayudado a apreciar la variedad de perspectivas que se presentan en todos los casos que llegan ante mí. Me ha ayudado a comprender, respetar y responder a las inquietudes y los argumentos de todos los litigantes que se presentan ante mí, como también los puntos de vista de mis colegas en el tribunal. Me esfuerzo por nunca olvidar las consecuencias de mis decisiones en la vida real, en las personas, empresas y el gobierno.

Es sobrecogedor estar aquí. Hace once años, durante mi proceso de confirmación para ser nombrada al Segundo Distrito, me dieron un recorrido privado de la Casa Blanca. Fue una experiencia abrumadora para una muchacha del sur del Bronx. Nunca imaginé algo así de niña, ni en mis sueños más descabellados, ni mucho menos me imaginé que viviría este momento.

Señor Presidente, le agradezco profundamente el honor que me confiere, y estoy deseosa de trabajar con el Senado en el proceso de confirmación. Espero que a medida que el Senado y el pueblo estadounidense conozcan más sobre mí vean que soy una persona nada extraordinaria que ha tenido la dicha de tener oportunidades y experiencias extraordinarias. El día de hoy es una de tales experiencias.

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